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y te encuentras un domingo de verano, sintiendo en la tranquilidad del aire, como sienten los árboles o las praderas de primitiva vida, sintiendo fragmentos, sintiendo cada vez más personas pidiendo limosna. y te sientes necesitado de una madre que te envuelva en, allá donde sople el silencio, donde el cuerpo, donde la memoria, donde cada pecho sea un corazón, y un corazón sea solo sentimientos. una maquina de latir corduras imposibles. un cuerpo de mujer donde se encuentra la vida. 

y lo mas cercano es un amor, cruzando desfiladeros de asfalto, un amor desgastado por los años, desajustado por el crujir interminable de las caricias, por el recuerdo de las caricias, por el olvido de las caricias, caricias que ya no están. caricias que ya no sirven. 

sintiendo que si no habita en una mujer, no habita en nada, que alcanzar algo imposible, es alcanzar una mujer.

 

no sabian decirlo
poesia
no sabian
y hubieron que llamarlo sexo
sin dudar tan solo
tonteria
ante la palabra 
amor
por q hay cosas 
tan hermosas 
que solo llegan a encontrarse
en el hueco hecho pecho 
de mujer
                        /alcanzarse
como un latido

 

le pusieron de nombre sexo pero también se llama poesía

de blanca sal

no es posible no pensar
al ver al mar descerrajando
su calma en chillidos
de blanca sal.
no es posible no tocar
si tu miras al mar pensando
en mares escondidos
de blanca sal.
no es humano no besar
ausentes tiempos alimentando
recovecos dormidos
de blanca sal.

casi figuras

Casi todo se curva en los poemas, se desliza de un lado a otro de la mente que es papel reciclado de pensamientos, sobre-escritos, re-escritos, imaginados, pequeñas virutas colgadas de fulares blancos, invisibles mientras no se plasman en la forma de los viajeros, de los que tienen la identidad del viaje, posada en su compleja fauna material.

Un rasguño tras otro, heridos, seccionados de alma hacia arriba, aguas arriba del alma en la fuente misma de los pecados, donde repuebla uno distraído los inconvenientes de la madurez. Escapar de la herida viajera de las derrotas, perdido como solo se puede perder alguien en si mismo, es el método.

Plasmar en palabras los daños de los andares errantes, para recrear un antes y un más tarde. Un más tarde recomponer las telas de nuestro propio universo.

Imagen

casi figuras de bambú
enjauladas en el aire espeso del cansancio
ennegrecidas por el grueso humo de la mañana
escapistas  imaginarias, cercanas a la broma
y al contraste de su sombra invariable
años mozos lejanos
encaramados
a la caldera de los sustentos

el segundo
tras el llanto, la postrera llama
el hojaldre de sensaciones
como una fresa albina
arrancada de su dulzura
a la tristeza del barullo colado
por las trenzas de un corazón

el segundo
el tardío segundo
el de olvidar la miel de los rasguños de la infancia
y vestirlos de bambú al atardecer

tengo dueño

nos acostamos en tulipanes
con la extraña sensación de haber perdido
de haber perdido una tarde
de dejar escapar el atardecer
sin pensarnos
como ramas que se descuelgan
solas a la chimenea
para el frío del señor
cono si la vida fuera

el calor
que alimenta a otro

-El vacío es o el infinito o la nada
-La Tierra era sin forma y vacía, la oscuridad ocupaba la superficie de las profundidades, y el espíritu de Dios se movía por toda la extensión de las aguas(Genesis)

Antes de amanecer todo estaba oscuro, una oscuridad velada, una calma sumisa, instantánea, incorpórea, quizás una eternidad de espera. Después la luz llego húmeda, colapsando cada poro de su caliza superficie, un juego de disoluciones y redondeos. Y otro nuevo éxtasis tras la luz, al amanecer también los movimientos.
Rápidos y violentos, contactos de superficies, descansos, roturas, divisiones, descansos, acelerar, flotar y tocar el aire, el mismo instante repetido en la memoria una y otra vez, hasta salir del cauce.
Otra eternidad apoyada en una curva del destino, equilibrio casi perenne al borde de un abismo, y el sol, y el aire que oxida.
Y otra vez el caminar del tiempo y el cauce y escamas que brillan, aleteos de insectos y verde liquen adherido, al inerte cuerpo del tiempo, y la espera en la orilla, en el remanso, en el borde de la consciencia, rodeada de la vida, dentro de un ciclo de verdes y negros, de una variación entera de calores, calida. Más viva que la mayoría del frío universo, una roca, dormida en la arena de la orilla.

Un sueño dormido sobre una roca, la cabeza reposada, el pecho se hincha de vida, el aire invadiendo los pulmones, la juventud, el cambio, si el cambio.
Cada tarde Nihat, descargaba sus últimas fuerzas, en el remanso del agua estancada, y dormía como una estrella inmóvil en el cielo, su cabeza y el tiempo eran una sola forma. Apoyada en la piedra, los dos compartían el origen del mundo.
Compartieron ciclos en el remanso, hasta el día cuando el río rompió su camino y escapó al valle arriba, a las nubes, ese día Nihat, ya dura por fuera, ya forjada en cazas y cosechas, recogió a su inerte compañera y a lomos de su caballo, siguió el ritmo de la vida.
El jefe del poblado escogió el nuevo asentamiento, un lugar regado por los nuevos dioses, y el antiguo sol. Y la piedra acompañaba a Nihat en sus sueños, primero sola, después Lohan, su melena lisa, su piel dorada, el sol los bañaba en los sueños, y la bendición nació en esta nueva tierra, en esta época de llanuras, susurros, brisas y nubes.
Nihat montaba su caballo, y su vientre albergaba a Sehan, el jinete de la tarde. Hombre niño, de sonrisa fácil, llenó buena parte de los sonidos de los nuevos días.
Fueron benditos dos veces más, aunque una vez solo en sueños. Vino Liis y después Baahet que partió con el primer suspiro.
Nihat y la vida siguieron hasta que Lohan, un atardecer no volvió, ni al siguiente ni ninguno de los que vino después consiguió traerlo de vuelta.
Y más años y más durezas corrieron al encuentro de Nihat, de su caballo de sus hijos, de su poblado, de los riscos, de la piedra conocedora de la eternidad y la calma, hasta el tiempo en donde Nihat existía en cincuenta ciclos, cincuenta cosechas que reptaban por su espalda, como repta la serpiente buscando el calor, en ella encontraron la sabiduría, y tras una gran celebración el pueblo entero la escogió de guía, la anciana, la voz del nuevo mediodía, el halcón observando en el cielo.
Fueron años de caricias, que arrugaron aun más su piel ya de lija, dura por afuera, sabia por adentro.
Hasta que llego el humo negro, y el ruido del odio, y las líneas rojas. Y poco a poco huían cada vez menos, cada vez el cansancio más cercano, cada vez la tristeza más presente.
Y Baahet perdió el rastro de sus pasos también, y ella lo lloro sobre la noche, la cabeza en su piedra, gota a gota el dolor se convirtió en sal.
La piedra vibraba al conocer el dolor, el dolor del futuro, de dar un paso adelante cuando quema, y cuando quedarse parado también quema.
Y la rabia no pudo huir, y cada nuevo paso era hacia atrás. Contra el humo, contra el nuevo hombre, contra el dolor, perder el mañana y el ayer como ella sentía.
Pero Liis abandono la lucha y la rompió por adentro un último fuego, un fuego de las estrellas.
Cuando una estrella explota algo nuevo nace contaba su abuelo hacia mil vidas, pero ella solo vio nacer dolor. Sola sin su abuelo, anciana sin sus hijos, sin nada fuera y dolor dentro.
El refugio, en una piedra, toda una vida compartida, amor, sueños, lagrimas. Se sentó sobre su compañera eterna, sobre su superficie calcárea apoyó su vida, su ultimo resplandor. Como la primera vez siendo una niña, hacia ya tanto tiempo, al borde del río. Y ella se sintió en dos lugares a la vez, niña y anciana.
Como el sol llenando todo, la vida en las plantas, la vida en el viento, el calor en las piedras, su sangre derramándose en la piedra cuando el nuevo hombre sacrificó su cuerpo, por el cuello.
Su alma ya no estaba, su alma vuela en el tiempo, danza en las estrellas de donde venimos, de donde viene también el nuevo hombre, de donde procede esta piedra que siente el calor del sol y el calor de la sangre.
Esta piedra que conoce la vida, el dolor, el río, la sal y el tiempo, en sus poros guardará para siempre una parte de Nihat, o su alma y su dolor.

esteban

26 de marzo

Es extraño, este manantial de agua que nos azota desde el cielo, últimamente parece que nada se sostiene sobre nuestras cabezas, quizás cuando terminen de licuarse las nubes se nos expriman también el sol y la luna y todas las demás estrellas.

Y aquí abajo todos pensando en que podría ya, dejar de llover la lluvia, como si fuera eso alcanzable, como si los hombres pudieran dejar de llorar, y seguir siendo hombres.

Si no existiera este martilleo constante de grises y frías gotas, como veríamos florecer al mundo, se nos llenarían los bosques de desierto, y la tierra desgastada  se posaría seca como polvo en el fondo de nuestros latidos.

No existe viento, ni lluvia, ni lágrima, ni dolor que no contenga todos los murmullos del silencio.

.lluviaenventana

el doble sentido de la vida
baila
al paso
del doble sentido de la muerte
cuando las aceras sonríen y tocan el violín
y la percusión es el doble eco de tus pasos
desierto de sueños
vacío y lleno de arena
alguna vez se cansará el mundo de llover
no habrá más lagrimas
y la tierra antaño fecunda
resecada, huirá de mi.
y llegara el día en que no lloremos
y llegará
cuando el hombre olvide ser
y lloverán sequías las tormentas
y granizo de olvidos
y las ventanas del mundo
no podrán detener la vida
Una tarde de descanso, un rasguño de pausas, buscado silencio, buscada soledad, inactividad, hoy es el momento de respirar hacia adentro la semana. Omitir la huella del cansancio, y olvidar el sabor del polvo.
Hay muchas maneras de lastimar a un hombre, y caricias que duelen, y daños y errores. El alimento de la tarde, todo lo que no funciona hoy en este hacer el amor constantemente con la vida. Depura el orgasmo, la meditación, la toma consciente de conciencia.
Mañana digamos vendrá la madrugada a exiliarme de esta ensoñación, hoy el silencio evita esa voz, que al respirar te quema los pulmones, y que tras masticar profundamente sus palabras quema la lengua. Vendrá el amanecer sudando descosido por las dudas, pero lo esperaré como a la vida, haciendo el amor.
Imagen
La colmena desgastada de miel amarga extiende/
un susurro delirante de miseria opaca aparta/
los mimbres despellejan sin rosas ni farsas/
y tu lengua,
si tu lengua de-lata que lame y corta/
y tu lengua
si tu lengua delata mentiras y secretos/
mientras
el sexo y la noche nos desnudan/